Creo que hablo por todos cuando digo que estamos pasando por tiempos difíciles en Internet. La gente tiene miedo de ser arrestada luego de lo sucedido con Megaupload (se dice que los usuarios del sitio pueden tener problemas legales); la casas productoras presionan a los congresos del mundo para hacer leyes que atentan contra la libertad de expresión, todo por unos dólares; parece una lucha de nunca acabar ya que el “demonio” tiene muchas formas y muchos nombres: ACTA, Sinde, SOPA, PIPA, Döring, entre otros, todos con un mismo fin: detener la piratería en Internet.
Si me lo preguntan, el término “piratería” es erróneo si usamos la lógica: los piratas de antes saqueaban barcos llenos de tesoros en altamar. Los de ahora comparten música, videos y libros en un medio digital, de manera gratuita. Los piratas de antes no hacian una copia exacta de los tesoros y se los llevaban a extraños para que los disfrutaran. Los piratas de hoy no entran a tiendas de discos a robárselos y venderlos por un precio mayor al original. ¿Ven cómo carece de sentido? Pero aún así seguimos usando el término “piratear” para decir que obtuvimos la copia de una obra sin pagarla. Robar y compartir no son sinónimos, pero a los oídos de las discográficas, estudios cinematográficos y editoriales lo son.
El problema no es eso, sino que saben que no pueden tener el control de Internet (no pueden detener el flujo de información) y, como una medida desesperada, tratan de meter sus garras en algo que no les compete: la neutralidad de la red. En Internet no hay leyes, así que es lo más parecido a una anarquía. En cambio, las únicas reglas que tenemos son éticas, y varían de sitio en sitio (como las famosas “reglas de Internet”, que no son oficiales pero nos dan una idea de cómo funcionan las cosas aquí). El Internet no tiene gobierno, no hay un líder supremo ni caciques. Solo websmasters, cuyos dominios no van más allá de sus páginas web. Ante la falta de un líder, la gente abusa de la libertad, convirtiéndola en libertinaje, dañando a los demás. Es ahí donde entran los “justicieros”: Anonymous. Anonymous puede ser cualquiera, siempre y cuando, valga la redundacia, sea una persona anónima. Anonymous ha existido desde hace años, pero ha ganado popularidad gracias al hacktivismo (vs SOPA, vs FBI, vs ACTA, vs los gobiernos del mundo). Aunque a veces eso significa que habrá un pendejo que diga que es de Anonymous y que tiene el poder para destruir las bases de datos de la NASA, el FBI, Google, Facebook y la CIA en un fin de semana (una clara desventaja del anonimato).
Naturalmente, todo esto es una amenaza para el Sistema que, de una manera idiota, tilda de terrorista a una persona que solo divulga la verdad en un medio gratuito. Para las empresas, no somos más que ladrones por bajarnos una película cuyo DVD o BluRay es inaccesible en un país tercermundista o emergente, como sucede en Latinoamérica. La verdad, no veo diferencia entre bajar una película y pedirla prestada a un amigo.
Internet es un lugar para compartir experiencias, para aprender algo nuevo cada día, para comunicarnos, para entretenernos, para informarnos, para dar rienda suelta a nuestra imaginación, para exponer nuestros logros, para reír, para llorar, para disfrutar del arte, para conocer nuevas amigos, para hacer nuevos enemigos, para reencontrarnos, para distanciarnos, para perder el tiempo, para enterarnos de lo que pasa en nuestro mundo, para protestar, para conocer el pasado, para presenciar el presente, para esperar el futuro, para amar, para odiar. Por favor: no dejes lo arruinen. ¿Cómo ayudar? Infórmate, divulga y protesta. Que todos se enteren cuando alguien trata de amenazar la Internet.
¿Qué voy a hacer? Lo mismo, pero con algo adicional: no compraré más discos, ni DVD’s, ni iré al cine. No apoyaré a los que tratan de truncar mi libertad de expresión. Esto lo haré durante un tiempo indefinido, o al menos hasta que aprendan que con los usuarios no se juega.
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